Vuelven las risas a las calles en un domingo esperado

(Este reportaje fue publicado originalmente el 27/04/2020 en La Tribuna de Ciudad Real)

Fotos: Rueda Villaverde

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Llevaban seis semanas las calles huérfanas de niños y levantaron ayer con risas y exclamaciones de sorpresa. «¡Mira, mamá, hay amapolas en el parque de Gasset!», gritaban Carolina, de 8 años, y su hermano Alonso, de 10, al volver a pasear y encontrar que la primavera ha barrido al invierno en un espacio que tan bien conocen.

Exploraron los rincones del parque, redescubriéndolo con ojos nuevos, y después quisieron ver si la misma transformación le había ocurrido al centro. Las calles vacías hacia la plaza del Pilar y la plaza Mayor les llamaron la atención. Poca gente a las 11 de la mañana. Pudieron acercarse al portal de sus abuelos en la calle Alarcos, donde contuvieron las lágrimas a través del ventanal después de más de 40 días viéndose solo por videoconferencia. Un encuentro que, a falta de piel, derrochó emoción. Lo cuenta satisfecha su madre, Silvia Encina, que los vio felices. «Estaban por fin en su medio: la libertad», reflexiona alegre. A la vuelta a casa, rozando las 12 del mediodía, empezaban a salir más personas a desafiar un día gris en el que, por una vez, que el sol no estuviera fuera no importó lo más mínimo.

Ya en casa, mascarillas fuera, zapatos en la puerta y patinete desinfectado, contarle a su padre todos los detalles fue el perfecto colofón a ese «chute de energía» que tuvieron ayer y del que seguirán disfrutando en próximos días. «Saldrán un rato por la tarde, porque por la mañana tienen las tareas», avanza Silvia. «Es un premio, un regalo muy merecido por haberlo llevado tan bien todos estos días», apunta esta madre, que asegura haber vivido la situación como «un reinicio».

Un ambiente «muy amable, nada miedoso» se encontró María García con sus dos hijos, de 5 y dos años y medio, cuando salieron con las bicis por las unifamiliares cercanas al Carrefour y la vía verde que va hasta la rotonda a Miguelturra. La gran sorpresa, que la hierba había invadido espacios que hasta ahora los jardineros mantenían a raya. «Es curioso ver cómo en dos meses la naturaleza sigue su ritmo», comenta una vez finalizado su paseo. «Los niños lo tenían muy interiorizado, todo el mundo, cuando nos hemos cruzado, ha hecho el gesto de apartarse», menciona María, cuyos niños iban equipados con mascarillas que ella misma había confeccionado mientras esperaban este domingo tan especial.

Yolanda García-Consuegra también cogió con ganas la salida de su hijo, de cuatro años, porque llevaba «cuatro o cinco días que se subía por las paredes», a pesar de haber llevado muy bien el confinamiento hasta el momento. Por su zona, desde el conservatorio hasta la carretera a Miguelturra, coincidió con bastante gente entre las 12.00 y las 13.00 horas, «pero todos cumplían con las medidas: un solo adulto con uno, dos y hasta tres niños, y si nos veían de lejos cambiaban de acera o se daban la vuelta para no cruzarnos», comenta a La Tribuna. Su hijo sufrió un pequeño choque de realidad al salir y ver las calles vacías, sin poder acercarse a saludar a sus vecinos: «Mamá, no hay nadie», decía. Poco a poco, con un paseo breve, fue normalizando la situación y cumplió a rajatabla con todas las indicaciones, mascarilla puesta y sin tocar nada, a pesar de su corta edad.

Ya por la tarde, para evitar posibles aglomeraciones, salió Gema Hernández con sus dos hijos, de 12 y 9 años, que a su edad «entienden todo perfectamente porque ven las noticias». Con mascarillas que les había cosido una vecina y con todas las indicaciones en la mente, su plan era atravesar los descampados cercanos al GoFit para ir a saludar a sus abuelos, a los que verían por la ventana. Para ello, dejaron a un lado el chándal y se vistieron «de domingo». «Entienden que alejarse ahora cuando nos crucemos no es una falta de educación, sino al revés, es tener respeto por los otros», comenta Gema, sin duda alguna de que sus hijos iban a cumplir. Al caer la tarde, sin llegar a apurar el rango horario dado por el Ministerio de Sanidad, su salida terminaba con los aplausos diarios. Esta vez, desde la calle.

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