Sin bolsa, gracias

(Este reportaje fue publicado originalmente en el especial de Energía y Medio Ambiente de La Tribuna de Ciudad Real el 11/10/2019)

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Hay quien tiene claro que las acciones individuales suman para el cuidado del medio ambiente. Es el caso de Alicia, profesora de Secundaria y, en su día a día, protectora de la naturaleza en la medida de lo posible. No obstante, lo que empezó por razones de conservación medioambiental termina siendo, contra todo pronóstico, más cómodo para ella. Hará un año que comenzó a llevar sus tapéres de cristal al mercado para hacer la compra. Ya desde antes portaba sus propias bolsas de tela, plástico o papel para llevarse los productos a casa, pero el paso definitivo fue acarrear varios envases de vidrio para prescindir de todo envoltorio desechable. «Al principio me equivocaba con los tamaños, traía muy pequeños o muy grandes, pero ahora ya acierto», afirma esta madre de familia numerosa.

Su iniciativa fue bien acogida en sus puestos de referencia, no tuvo que dar explicaciones y algunos hasta lo celebraron porque supone un gasto menor. Así, su pescadero de confianza, Turrillo, ya sabe que tiene que pesar toda la mercancía en el mismo papel y, después de prepararla, meterla en el táper correspondiente. Lo hace con mimo y dedicación, se nota que le gusta la idea. Y además asegura que cada vez hay más personas que lo hacen.

Porque, como ha demostrado la Universidad de Michigan en un artículo científico, las acciones medioambientales que lleve a cabo cada individuo funcionan siempre y cuando haya un efecto contagio, es decir, que insipire a otros. No es raro que quien se suma a un reto de recogida de basura o de reciclaje lo suba a redes (Alicia ya subió a su Instagram un vídeo recogiendo basura en la playa este verano) y otros lo imiten. El mercado es la red social por excelencia y así ha ocurrido en este caso. «El otro día vino una señora a comprar con táperes y me dijo que fue porque se lo había visto a ella el sábado anterior», cuenta el pescadero, y Alicia sonríe orgullosa de que su granito de arena sea imitado.

Foto: Rueda Villaverde

Empezó por razones medioambientales, sí, pero siguió por comodidad. «Me di cuenta enseguida de que es más cómodo, porque llego a casa y lo coloco directamente en la nevera, no tengo que desenvolver y meterlo en otro envase», explica. Coincide Turrillo en que «parece que hay que planificar más, pero el tiempo que pierdes preparándolo en casa lo ahorras después al llegar y colocar». «Tampoco tengo mucha previsión», precisa Alicia, «cuando voy a la compra llevo varios y después voy eligiendo». Y lo tiene tan normalizado que cuando ve a gente haciendo sus compras sin envases propios lo ve «raro».

Su siguiente parada es la frutería Arema, donde sólo compra dos limones sueltos y otro par de cebollas, también sueltas, porque suele hacerle pedido por teléfono y se lo lleva a domicilio. Como no ha venido preparada con sus bolsas de tela y no ha avisado, el frutero las ha sacado de la bolsa de plástico donde las había puesto previamente y se las ha puesto junto con el resto de la compra de Alicia. Dice que es habitual que le digan «sin bolsa, gracias», sobre todo la gente joven, que es la más concienciada. «Los más mayores no vienen preparados y prefieren llevársela en plástico», cuenta extrañado, ya que hace décadas lo más habitual era llevar las bolsas propias a la compra.

En el puesto de al lado, Frutas Pili, otra joven está comprando plátanos con bolsa de tela. Pilar dice que son muy pocos los que en su puesto hacen uso de las reutilizables, aunque las lleven en el carro. Sin embargo, «cuando les pregunto si llevan bolsa se acuerdan y la sacan pero, si no, siguen esperando que se las dé yo». En esto tiene mucho que ver la normativa que entró en vigor en julio de 2018, por la que los comercios están obligados a cobrar las bolsas de un solo uso, exceptuando las que cumplen determinadas especificaciones, como es el caso de las desechables de la fruta. Aunque la diferencia sería de apenas un céntimos, «como no se cobran, la gente las sigue pidiendo, pero si se cobraran se lo pensarían», advierte.

Por último, Alicia se dirige al puesto de encurtidos, donde están más que acostumbradas a servir en recipientes propios. Esta vez, lleva un taper rectangular de vidrio con tapa hermética, pero usualmente lleva botes con tapa metálica, reutilizados de otras conservas. Es lo más habitual. En Encurtidos María se saben el ritual: sobre la báscula, taran el bote, echan las aceitunas, pesan y después rellenan con caldo. Y vuelta a empezar.

Con su pequeño gesto, Alicia ha evitado el uso de al menos cinco bolsas de plástico que por su grosor o por quedar manchadas de jugos serían desechadas inmediatamente. Dos por cada uno de los productos de la pescadería, otras dos por las cebollas y los limones, y otro envase por las aceitunas. Además, ha metido todo en dos bolsas grandes de rafia que ha traído de casa, por lo que ha dejado de comprar otras dos bolsas grandes, reutilizables pero muchas menos veces que las que sí ha usado. Si en la media hora que ha durado su compra ha coincidido con cualquier persona que haya visto en ella un ejemplo, su contribución al medio ambiente se multiplicará. Además, por si fuera poco, ha venido en bici desde Miguelturra.

A TOPE CON EL MERCHANDISING

Las empresas e instituciones se han dado cuenta del auge de los artículos reutilizables (bolsas de tela, mochilas ligeras de plástico con cordón e incluso botellas de aluminio, plástico o cristal) y han visto en ellos una posibilidad de publicidad. No en vano, es probable que esa bolsa que se entrega en un evento o a los escolares que visitan un lugar después sirva para llevar el bocata al colegio, la merienda al parque o los libros a la biblioteca. La botella acompañará al usuario en la oficina, cuando salga a pasear al campo o cuando monte en bicicleta. En cualquier caso, la usará (para evitar gastarse unos céntimos en bolsas o por conciencia medioambiental) y la enseñará, y además la marca, el logo y el lema se asociará a cierto compromiso medioabiental y promoción de hábitos saludables. Así, consiguen visibilización y posicionamiento y el usuario, por su parte, evita tener que comprarlo.

Foto: Tomás Fernández de Moya

SUPERMERCADOS A LA CAZA DEL PLÁSTICO

Las grandes superficies se han sumado a la tendencia de reducir la generación de residuos de las familias. Si bien es cierto que los lineales están plagados de plásticos prescindibles (por regulación, por comodidad del empaquetado o por técnicas de publicidad), resulta sencillo minimizar el uso de bolsas de plástico para llevar los alimentos y otros productos a casa.

La frutería es el lugar preferente donde reducir. La higiene justifica el uso de bolsas de plástico y guantes desechables y por su densidad no se cobra al cliente final, de ahí que se sigan utilizando. La alternativa es llevar bolsas propias o llevarse las piezas sueltas. Así explican desde E.Leclerc, que aseguran que nunca han puesto inconveniente a quien ha pesado la mercancía en sus bolsas o quien se ha llevado un melón, una sandía o un manojo de plátanos con la pegatina pegada.

Otro lugar donde se gasta muchísimo plástico es en frescos: carnicería, pescadería y charcutería llevan los alimentos envueltos en papel encerado (mitad papel y mitad plástico, que hay que separar para reciclar) y después en bolsas. Ninguna de ellas se cobra porque se entiende que son necesarias y no alcanzan la densidad estipulada, pero son difícilmente reutilizables. Por tanto, en E.Leclerc permiten que los consumidores puedan llevar sus táperes de casa. No obstante, desde el hipermercado señalan que son muy pocos quienes lo hacen y que, de momento, no advierten demanda.

Lo que sí tiene buena acogida son las bolsas para llevar la compra: las más usadas son las de rafia, seguidas de las reutilizables de plástico. Desde E.Leclerc comentan que hay muchos que se llevan su compra en cajas de cartón que previamente han traído.

Hay otras empresas que han ido más allá y publicitan abiertamente estas alternativas como parte de su compromiso medioambiental. Es el caso de Carrefour, que considera «la eliminación de residuos un desafío importante que requiere de una respuesta colectiva en la que industria, distribuidores y clientes han de colaborar juntos». Este verano lanzaron las mallas de algodón para pesar la fruta, que se encuentran en la misma sección (3.99 tres unidades), reutilizables y lavables. Su implantación ha sido «un éxito». Ya en abril, fomentaron el uso de envases reutilizables (siempre que sean transparentes y con tapa) para su compras de frutas y verduras, charcutería, pescadería, carnicería y platos preparados. También han rebajado los empaquetados sustituyéndolos por cartón o celulosa. En los mostradores de venta asistida de frutas y verduras, se utiliza una malla en lugar del film plástico que recubre frutas y verduras, lo que reduce en un 80 % la cantidad de plástico. En cuanto a los tarros de aceitunas y encurtidos, se está sustituyendo el plástico por vidrio; y el plátano de Canarias sólo lleva una pequeña cinta agrupadora, lo que reduce el plástico en un 80 %. En la línea de cajas, aparte de las bolsas de tela, papel y rafia, se ofrecen cajas de cartón vacías.

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