Se apagaron las luces para los feriantes

(Este reportaje se publicó originalmente en La Tribuna de Ciudad Real el 31/05/2020)

Fotos: Pablo Lorente

VER EN LA WEB

DESCARGAR PDF

Han cambiado el bullicio de las aglomeraciones por el de sus cinco hijos, metidos en casa desde hace dos meses y medio. La luz de las atracciones por la del frigorífico que los pequeños visitan a todas horas, roto estos días y que a duras penas han podido reponer. Y los tiques de sus hinchables, por los recibos que tienen que devolver por no poder pagar.

Cancelados todos los eventos que conlleven un gran número de personas, que es lo que les viene dando de comer desde hace tres generaciones, solo les queda depositar su esperanza en las ferias de septiembre para recuperar un año que ya dan «por perdido». Las de Roberto González y Sebastiana ‘Tyanna’ Dos Santos son dos de las caras que pasan inadvertidas en la noche cuando todo el mundo se divierte, pero que ahora sobreviven con lo justo mientras llaman a todas las puertas donde les puedan tender una mano.

«Me contaba mi padre que hace muchos años colocaban un carrusel en el parque de Gasset de Ciudad Real, en las temporadas en que no tenían trabajo, y la gente que no tenía o tenía poco pagaba con comida», recuerda Roberto. «No sé si volveremos a eso». «He invertido todo lo que tengo en esa vida, poco a poco adquiriendo atracciones, vehículos y caravanas para poder hacer la feria lo más cómodamente posible, en familia», narra con un punto de amargura.

Esos aparatos ahora están desmontados, solitarios, a la espera de que la vida vuelva a los feriales. Solo una cama hinchable, montada en el patio para el disfrute de sus niños, les recuerda la vida que eligieron y que ahora se les ha escapado.

La adversidad la conocen bien. Roberto escuchaba ya los plomazos de la caseta de tiro desde la barriga de su madre. «He dormido en cartones y bajo la atracción, estás en la calle, a lo que venga», cuenta y, en su voz, se nota que echa de menos estar pendiente de si lloverá o hará buena noche.

CANCELACIONES

Con la declaración del estado de alarma, su modo de vida se vino abajo. Cancelaron las romerías, donde empezaban a ingresar. También se ‘cayeron’ las 20 comuniones que tenía apalabradas, un complemento del que tiraban cuando no había feria. «Si se celebran en septiembre u octubre, como dicen, si coinciden con las ferias que haya tampoco las podré atender», avanza, siendo consciente de que puede que el trabajo se concentre este año, si es que lo hay, en apenas mes y medio, «desde septiembre hasta el 12 de octubre». Y eso con suerte.

Porque Roberto es optimista. De otra manera no podría estar sacando fuerzas de donde no las tiene para sobreponerse a la denegación del préstamo ICO. Para valorar si solicitar «los 1.500 euros de autónomo, porque obligan a estar de alta 12 meses y eso solo nos cubre la cuota de cinco». Viven con los 600 euros al mes del cese de actividad y la condonación de la cuota de autónomos de abril. «Tenemos dos becas de comedor, 40 euros al mes las dos», que no son suficientes porque cada compra, a la semana, se va a 300 euros. Siete en una casa de alquiler, que de momento han dejado de pagar.

Tienen un ordenador viejo y una impresora, que usa sobre todo la mayor, ya en el instituto; Tyanna, que era docente en Brasil, ayuda a todos mientras cuida de un bebé que vino con una pandemia bajo el brazo. «Al menos lo pudimos visitar en el hospital», agradece Roberto, que por las noches hace cuentas de qué atracciones podrá recuperar: «Las ocho camas elásticas, que están separadas, y el carrusel de mis padres, con 20 o 25 plazas, que lleva diez años parado», imagina. Sabe que los hinchables, tal y como los conocemos, no serán posibles al menos en un primer momento. «Sueño a veces con una bola muy grande que lo limpia todo y queda listo para otra tanda de niños».

Y, sin embargo, la luz resplandece en todos ellos. «Estamos muy orgullosos de nuestros hijos, de lo fuertes y felices que están, que nos dan fuerza para resistir: los verdaderos valientes son ellos: Ana, Adriana, Roberto, Carlos y Gabriel».

PROBLEMAS GENERALIZADOS

Unas 32.000 familias en España, más de 100.000 personas que viven en el país de actividades ligadas a la feria. Ahora la situación es «caótica». Quien así la define es Isidro Navarro, abogado de la Asociación de Industriales Feriantes de Castilla-La Mancha.

Vive semanas de intensa actividad intentando solucionar los problemas más urgentes de sus asociados, 400 en la región. Solicita el reintegro de la parte proporcional de los seguros las atracciones, que muchos pagan «de marzo a marzo» y que pueden ser «5.000 o 6.000 euros al año»; está pidiendo que devuelvan las tasas de las ferias ya pagadas y canceladas; solicita créditos ICO y ayudas a autónomos; tramitando ERTE porque cada atracción precisa de muchos trabajadores.

Cunde la desesperación porque «la feria es lo último que se recuperará», puesto que «viven de los aglomeraciones», cuenta Navarro. Si no hay feria, no hay ingresos, es obvio, pero también que los gastos siguen ahí y que muchos se realizan por adelantado. «Muchos no van a poder pagar ni el transporte», advierte, porque no es nada barato movilizar tres trailers con contenedores de 40 pies o pagar el gasoil de 11 camiones para trasladar la noria. «A veces es más rentable comprar o alquilar un terreno para dejar la atracción ahí y no desplazarse», refiere Navarro. Aparte del mantenimiento, que ha de continuarse para que la seguridad no se resienta. Y los créditos que han de pagar, porque «las atracciones novedosas se van a medio millón de euros» y solo queda pagarlas a plazos.

Los trabajadores temporales de la feria también se han quedado a cero y sin expectativas. «Solo están de alta esos días, así que no pueden acceder a ninguna ayuda», comenta Navarro.

Esteban García es uno de los afectados. Habitual de la feria de Ciudad Real con su mesón de pollos asados, vive en Albacete y trabajaba en las Fallas la semana antes de la paralización. «Voy capoteando como puedo», explica, mientras cuenta que suele llevar 20 trabajadores, que da de alta o de baja según la actividad. «Los que estaban de alta tienen algo de ayuda, pero los que estaban parados, nada», lamenta, y sigue haciendo cuentas de todo lo que ha de pagar aunque no trabaje. «Mi mujer y yo somos autónomos, he pagado la cuota y 3.000 euros del impuesto de sociedades, luego ya veremos si devuelven…»

Atrapados en Palma

Llegaron a finales de febrero a Palma de Mallorca, montaron sus atracciones y comenzaron la fiesta. Con apenas 15 días de negocio, cayó el estado de alarma como un jarro de agua fría y les impidió seguir trabajando. Varias familias de feriantes de Ciudad Real siguen atrapadas en Palma a la espera del levantamiento de las restricciones para volver a casa. En el caso de Carlos Bervis, a Alcázar de San Juan.

Mientras se avanza en la desescalada, permanecen en el ferial de Palma viviendo en sus caravanas. Los que tienen menos medios económicos reciben ayuda de las organizaciones no gubernamentales, que les proporcionan sobre todo comida. Pero su vulnerabilidad no termina ahí. Bervis es afortunado porque pagó el billete de vuelta en barco antes de venir (ida y vuelta desde Valencia, unos 5.000 euros), pero hay quien no va a tener cómo pagarlo una vez pueda navegar. «Tienen preferencia farmacia, comida… cosas esenciales», cuenta Bervis a La Tribuna mientras enumera algunas de las cerca de 80 atracciones varadas en Palma.

Es consciente de que las ferias de las que es habitual se van a suspender, «algunas con las tasas ya pagadas, que de momento no han devuelto», comenta. «En octubre quizá tengamos el Pilar, pero algunos no podrán ni afrontar los gastos», puntualiza. Los feriantes suelen darse de alta en febrero y de baja en octubre, por lo que, en su caso, ha cobrado solo un mes por cese de actividad. Pero hay quien ha hecho un ERTE a sus 14 trabajadores y estos aún no han cobrado nada.

Bervis y su familia llevan un bingo y una montaña rusa infantil, remodelada este mismo invierno gracias a un préstamo que ahora hay que pagar y que se suma a dos hipotecas. «He pedido moratoria, pero no me han contestado aún», refiere, al igual que el préstamo ICO que solicitó y del que aún no tiene respuesta. Con la casi certeza de que «la feria será lo último que reanude», esperan zarpar en barco para empezar a recuperarse.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *