Racionalizar los deberes

Recuerdo que mi madre protestaba porque en el colegio no me mandaban deberes o me mandaban muy pocos. Tanto, que los hacía mientras ella se quitaba el abrigo. Recuerdo que por las tardes, y eso que no se había impuesto la jornada continua y salíamos del colegio a las cinco en pleno invierno, me daba tiempo a merendar, a ver la tele, a ir a clase de pintura, a jugar y a aburrirme. Unos 20 años después, me doy cuenta de que fui una privilegiada: podía organizarme mi tiempo y dedicarlo a lo que más me interesara, no a lo que terceras personas determinaban que tenía que reforzar. Ahora los niños viven estresados, con menos tiempo propio que nunca, no son ni
más ni menos inteligentes de lo que éramos y, a juzgar por el presente, no van a tener mejor futuro que los de mi generación.

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