Los gatos tienen quien los proteja

(Este reportaje fue publicado originalmente en La Tribuna de Ciudad Real el 28/04/2020)

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Cada dos días, Ludmila Kober pasa alrededor de una hora y media atendiendo a los gatos callejeros de la ciudad. Prepara la comida (agua y pienso seco) en diferentes táperes que, con su coche, va depositando en las siete colonias de las que es responsable en Ciudad Real. Espera a que se acerquen, comprueba el estado de los animales, limpia los areneros y los comederos, cambia los plásticos si es necesario, desinfecta, retira los restos de comida. Lo lleva haciendo durante los últimos 30 años, pero las últimas semanas va protegida con mascarillas y guantes, rozando la medianoche, totalmente sola, sin cruzarse con nadie. La causa, la pandemia de coronavirus que mantiene confinada a la población desde mediados de marzo.

En estos momentos es más importante, si cabe, que los felinos estén atendidos. Lo dijo la Dirección General de Derechos de los Animales y lo dice el sentido común de quienes conocen el comportamiento de estos animales: si no están bien atendidos, se irán a otras partes a buscar la comida, donde podrán extender las enfermedades que tengan sin controlar y seguirán multiplicándose exponencialmente, cosa que no ocurre si están castrados o esterilizados. Para evitar riesgos, el Ayuntamiento ha expedido permisos para que los alimentadores voluntarios puedan seguir realizando su trabajo altruista, tras dar unas rígidas directrices: así, 24 cuidadores están pendientes de las 62 colonias que se identificaron con carácter de urgencia para poder darles cobertura, según cuenta la concejala del área, Mariana Boadella.

Ludmila Kober es una de ellas, que por su compromiso con los animales ha tenido enfrentamientos con vecinos e incluso con la Policía hasta que se expidió el permiso. «Creen que se multiplican porque les damos de comer, y es al contrario, darles de comer hace que estén controlados», justifica. «En los últimos cinco años ha mejorado todo, hay mucha gente joven concienciada pero con pocos medios», dice. Silvia Casero es una de esas jóvenes que se entrega al cuidado de los gatos. «Empecé en 2016 por libre y desde 2018 empecé a alimentar y a esterilizar junto con Fernando -su novio- por nuestra cuenta y con nuestros recursos», recuerda, por lo que agradece contar desde el año pasado con el respaldo económico de Gatómicas para las esterilizaciones y con el refugio habilitado en Sancho Rey para los casos más extremos.

Es la encargada de alimentar las tres colonias del parque Juan Pablo II, con 27 gatos, la mayoría esterilizados: «Tengo mi permiso específico: voy con él y mi DNI», comenta y, a diferencia de Ludmila prefiere las horas del mediodía: «Suelo ir entre las 15 y las 17 horas porque es cuando hay menos gente, como mucho alguien paseando al perro».

Alimentar a los gatos propios y ocuparse de los callejeros supone un esfuerzo logístico. Ludmila admite que puede dedicarle tanto tiempo porque es socia de una empresa y Silvia, actualmente, no trabaja porque lo hacía en un comedor escolar ahora cerrado. Tienen que ocuparse, sin embargo, de adquirir la comida. «La seca la pido por internet o voy personalmente a comprar una vez a la semana tanto para los míos como para los de fuera», explica Ludmila. Hay también atención que no pueden prestar: «La esterilizaciones están paradas ahora mismo», comenta Silvia, «aunque supongo que si me encuentro un gato en muy mal estado sí lo podría atender el veterinario».

MÉTODO CES

Mientras tanto, el proyecto de implantar en Ciudad Real el método CES de control de colonias (cuyo nombre obedece a las siglas capturar-esterilizar-soltar, aunque la última ‘s’ puede cambiarse por la ‘r’ de retornar), en colaboración con la asociación Gatómicas, elaborado y a falta de pasar por Junta de Gobierno, informa Boadella. Es un método sencillo, desarrollado en buena parte de Europa, que se provee de trabajo voluntario y lo dota de recursos económicos para la comida y los tratamientos médicos. De momento, solo se ha concretado la puesta en marcha del refugio y, lo demás, «se ha tenido que parar», admite Boadella.

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