Listas de espera en las peluquerías

(Este reportaje fue publicado originalmente en La Tribuna de Ciudad Real el 05/05/2020)

Fotos: Tomás Fernández de Moya

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La ‘nueva normalidad’ ha llegado primero a las peluquerías, que están recibiendo sus primeros clientes desde ayer por la mañana y ya están llenando las citas disponibles para toda la semana.

Todas ellas han implantado medidas para poder garantizar la seguridad de clientes y trabajadores. Exhaustiva limpieza, redistribución del espacio, citas previas vía telefónica e, incluso, instalación de mamparas para separar los puestos de trabajo.

En la peluquería de caballeros Paco y Ángel (calle Ciruela) han sido de los primeros en instalar mamparas para que los dos socios que forman el negocio puedan trabajar a la vez. «Estamos saturados con las citas», afirman tras reconocer que la mayoría de las demandas de clientes son cortes de pelo, aunque también algún tinte. A media mañana de ayer ya estaban dando citas para el viernes y el sábado: «El jueves lo tenemos completo ya», afirmaban a La Tribuna.

También muy ajetreadas estaban en Las Termas de Ruham (calle General Rey), que a las 10.00 horas ya recibían a su primera clienta. «Tenemos muchas medidas de seguridad desde que entran al salón hasta que salen, limpiamos con ozono y lejía, hacemos todo lo que se nos pide desde Sanidad», afirman. Poco a poco, van llenando la agenda. Al ser también centro de estética y tener un local amplio, pueden atender a dos clientas a la vez manteniendo la distancia de seguridad, por lo que no han implantado ninguna separación física hasta el momento. Lo que sí han notado es que las clientas de su centro aprovechan para sumar todos los servicios en uno, depilación y peluquería, en una misma visita. Lo que están pidiendo para estos días es sobre todo corte de pelo, tinte y depilación, aunque también pedicura.

Los espacios más pequeños tienen más dificultades, por lo que se tendrán que limitar a atender a un solo cliente cada vez. Es el caso de Peluquería Isabel (calle Lentejuela), que va asignando franjas horarias a las que van llamando para pedir cita. «Todavía tengo algunos huecos hasta el jueves, pero van quedando menos», asegura la dueña, que ha quitado las revistas, lleva guantes y mascarilla, facilita pañuelos y gel y tiene siempre a mano un spray con agua y lejía para desinfectar todos los utensilios que usa con cada persona. «No utilizamos toallas, todo con papel, y doy una bata de plástico para que estén cubiertas», asegura, todo desechable. Está esperando para el viernes una máquina de ozono que desinfecte el aire mientras están en el interior. «Si más adelante pudiera atender a dos personas, hay suficiente distancia, unos 3 metros, entre un tocador y el otro», afirma.

Otros establecimientos han tenido que cambiar radicalmente su manera de trabajar, como es el caso de la franquicia Low Cost (calles Calatrava y Ciruela), famosa por atender siempre sin cita previa. Para esta situación, han habilitado un teléfono móvil donde van organizando las citas y han ampliado el horario, de 9 a 21 horas, para poder atender a más gente, aunque no abrirán hasta el jueves. Las trabajadoras llevan pantallas protectoras, guantes y mascarillas, aunque no han instalado mamparas porque basta con la separación que queda entre tocadores una vez redistribuidos.

La sensación generalizada entre la gente del gremio era de «nervios» y cierta impaciencia por abordar esta nueva situación, sin dejar de lado el miedo. «Aunque tendremos que acostumbrarnos», afirman desde Low Cost. Entre los clientes, que necesitaban este servicio tras casi dos meses, en los que la demanda de tintes capilares en los supermercados aumentó, reinaba la cautela.

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