Infancia: no son héroes, son víctimas

(Este artículo de opinión se publicó originalmente en La Tribuna de Ciudad Real el 05/07/2020)

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Se ha llamado héroes a los más pequeños por su ejemplar comportamiento, asumiendo que el mundo que conocían, de por sí es hostil, se ha derrumbado a su alrededor. Se han visto privados de colegio, extraescolares, actividades al aire libre y abuelos, que son algunos de sus pilares junto con la protección de sus padres. Aunque fueron los primeros en ‘dar paseos’, han sido casi los últimos en incorporarse a la nueva normalidad y aún no sabemos cómo volverán a ver a sus amigos y amigas en septiembre.

Se ha dicho que disfrutaban de más tiempo de sus padres, como si se hubieran articulado medidas de conciliación adecuadas que no pasaran por el empobrecimiento. Es cierto que las familias se han visto obligadas a convivir, pero la atención a la infancia se ha visto muy mermada en aras del Dios teletrabajo (eso los afortunados), como si fuera posible criar con garantías y atender las demandas de la empresa de hoy. Al final las madres (sí, las madres) han intentando llegar a todo sin llegar a nada. Una enfermedad con mayor y más grave incidencia en hombres ha terminado por aplastar a las mujeres, presionándolas contra el suelo pegajoso.

A dos meses de que empiecen las clases, no hay nada claro salvo que cada centro se las apañe como pueda. No hay articuladas medidas para el profesorado de riesgo, tampoco para los alumnos de riesgo. ¿Qué pasa con los niños asmáticos, diabéticos o con cáncer? ¿Y qué pasa con aquellos que tendrán que confinarse porque sus familias sí sean de riesgo? ¿Tendrán que ir a clase, se habilitará teledocencia, perderán su derecho a la educación? Cómo va a estar claro el futuro si los parques han estado precintados hasta este viernes cuando la logística para abrirlos era bien sencilla (infinitamente más que otros ámbitos) y muchos no saben si pueden echar un partido de fútbol con sus amigos en las pistas al aire libre, en el césped o en la plaza.

Falta ver la vida desde los ojos de la infancia. Si se diseñan ciudades y herramientas para los niños, tomándolos como los ciudadanos de pleno derecho que son, inevitablemente también serán entornos y medidas más amigables para todos. Pero lo hemos disfrazado de heroísmo y hemos enterrado las secuelas que ya se ven: falta de actividad física, obesidad, ansiedad, trastornos del sueño, etcétera. ¿Por qué? Porque la infancia sigue sin importar, al menos no lo suficiente.

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