Infancia entre paredes

(Este reportaje se publicó originalmente el 21/04/2020 en La Tribuna de Ciudad Real)

Fotos: Pablo Lorente

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Problemas de sueño, falta de actividad física, cambios de humor, mayor riesgo de obesidad, excesiva exposición a las pantallas, aburrimiento, desidia…, aunque también más tiempo y más presencia de sus padres, en términos generales, pese a las circunstancias. Éstas son las certezas del confinamiento. Ante la promesa de poder salir a partir del día 27, llegan las incertidumbres: ¿Cómo nos las vamos a arreglar solo un adulto y un niño si hay más menores a cargo?, ¿cómo se van a garantizar las medidas de seguridad?, ¿podremos mantener la distancia social?, ¿será posible desplazarse unos kilómetros e ir a campo abierto?, ¿cuánto tiempo podremos estar en la calle? o ¿tendrán que llevar mascarillas? Las familias son, desde el anuncio del Gobierno de que se levantaría parcialmente el confinamiento para los niños menores de 12 años, un mar de dudas. A ello contribuye que aún no se han transmitido instrucciones claras, aunque se esperan para hoy o para estos próximos días.

La medida ha sido generalmente bien acogida por padres que han visto cómo sus hijos se han ido marchitando tras casi seis semanas entre cuatro paredes. Ni siquiera los niños con un solo progenitor podían salir al principio, hasta que se levantó la mano para que pudieran acompañarlos a la compra u otras salida de primera necesidad.

Las impresiones van desde que están «encerrados» hasta que están «protegidos, a salvo», dependiendo del cristal con que se mire. Al ser una medida voluntaria, permitirá que las familias tengan opción de darle ese respiro a sus hijos, mientras que las que puedan aguantar quizá pospongan unos días las salidas.

Hasta los bebés lo están notando, y eso que su contacto con el exterior suele estar bastante limitado. Elena Molina, con un niño de seis meses, ve con buenos ojos la medida y asegura que va a ser «responsable»: «Iremos protegidos mamá y papá con guantes y mascarilla, y nuestro hijo sin salir de su carro y manteniendo la distancia de seguridad», avanza. María Isabel Gallego vive una situación parecida, pero con dos gemelas de seis meses. «Creemos que esta medida se tenía que haber tomado antes, aunque es una situación difícil de manejar, porque todo el mundo no es igual de responsable, pero hay niños que viven en pisos y necesitan desfogar y eso». Sus niñas «no lo notan» pero seguramente salgan por una «avenida grande que tenemos alrededor de casa, sin alejarnos y manteniendo las distancias».

Catalina Linage también tiene pensado salir con su bebé de 10 meses y cree que «no será muy distinto a antes del confinamiento porque va en el carrito y no tiene necesidad de jugar con más niños», así que volverán a «pasear buscando aire fresco, naturaleza y tranquilidad», alejados de otras personas, aunque le preocupa que «siempre te puedes ver afectado por lo que hagan los demás».

Superada esta edad, los niños y las niñas empiezan a tener grandes necesidades de movimiento y exploración del entorno, importantes para su desarrollo. Mar Ibáñez lo sabe bien por su hijo de dos años, donde vive «en un piso, con una habitación bastante soleada que nos ha venido muy bien y un balcón de tres metros», además de una terraza comunitaria que han usado «para tomar un poco el aire en muy contadas ocasiones». «Esta medida es muy necesaria, la tenían que haber considerado y aprobado antes», afirma, «sin miedo y con muchas ganas de salir».

Y es que un patio o una terraza vienen muy bien cuando los niños están en plena explosión de actividad. Patricia Luna vive en una casa con patio y ventanas al exterior con sus padres y su hijo de cinco años, por lo que no se apresurará a salir, dado que sus padres son de riesgo y no quiere exponerlos. Para ella «quizá sea pronto porque estamos casi en el mismo punto que cuando empezamos» pero entiende «que haya familias que lo tienen complicado y lo necesitan, no todos tenemos las mismas circunstancias». Por eso, seguramente no salga a la ciudad pero, si pudiera, sí al campo.

De la misma opinión es Pilar Sánchez que, con un hijo de 6 años y un trabajo de riesgo, «es probable que no le saque». «No creo que hubiera tenido que hacerse antes y tengo miedo de que mi hijo contagie a otros», explica.

CON VARIOS HIJOS

La situación es aún más incierta para quienes tienen más de un hijo, puesto que no se ha aclarado cuántos adultos podrán acompañar a cada niño o si podrán salir familias enteras al exterior (puesto que en casa conviven). Rosa Caraballo tiene dos hijos, de 2 y 7 años, y según pasa el tiempo se le va quitando el miedo. Tiene claro que sus hijos «saldrán», pues en su piso no han podido ni siquiera disfrutar de las zonas comunes, por lo que cree que esta medida tenía que haberse tomado antes. Eva Fernández vive una situación parecida, con dos hijos de 2 y 5 años. Apoya la medida aunque tiene miedo, por lo que cree que tardará en salir «unos días» y lo hará «con las precauciones indicadas».

Ellos tienen terraza, pero María de los Ángeles Peinado, también con dos hijos (6 y 7 años), no y aun así también se plantea la salida: «Saldrán, no sé si el primer día o más adelante». Se imagina que tendrá que estar pendiente de que no toquen nada al bajar del piso y que pasearán por las avenidas de las afueras, donde viven, evitando cruzarse con la gente, sin sacar ni patines ni bicis ni ir a parques, dejando las zapatillas al llegar a casa y desinfectarse. No obstante, cuando empiecen a ver que otros niños salen «no podré mantenerlos encerrados». María José López, con dos niños (uno de 3 años y otro de 9 meses) y casa con patio, duda aún de qué hará, a la espera de las recomendaciones, aunque confiesa que lo que más le gustaría sería «salir al campo o a un descampado, por supuesto los cuatro en familia, porque no tiene sentido separarnos si convivimos juntos».

Cuando se es familia numerosa, tratar de conciliar las necesidades de todos con las normas impuestas es aún más difícil. Gemma Herranz tiene tres hijos (de 1, 6 y 8 años) y viven en una casa con patio, pero apoya esta medida no solo por la necesidad de salir sino por «dar visibilidad a muchos niños que viven en malas condiciones y con adultos que no les tratan bien». «Es básico que tengan un respiro», afirma, puesto que, en su opinión, «se les ha tratado como personas de segunda clase» y no se confía en ellos «por parte de muchos padres irresponsables». «Esta sociedad adultocéntrica no está preparada para garantizar el cuidado de los niños: prefieren tomar medidas drásticas antes de aprender a gestionar a los niños en esta situación», reflexiona. Por lo tanto, intentarán «que el miedo no sea un condicionante» y tienen pensado salir, si está permitido, con bici o patines, «que es lo que no pueden hacer en casa».

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