Entre milagros y aplausos

El Caballero del Milagro azuzó su caballo, que se lanzó veloz contra el estafermo. Después de que la lanza golpeara el escudo, la silla se resbaló y la cabeza del caballero fue a parar contra las maderas. Caído en el albero, vio cómo su caballo se desbocaba, relinchaba y daba tres vueltas al ruedo, sin ningún control. La plaza entera contenía la respiración. El caballero, vestido con jubón verde, intentó en vano coger las bridas, pero el corcel se resistía. Finalmente, salió por uno de los pasillos, chocando la grupa contra la pared, enloquecido. El público retomó la normalidad, sin creerse todavía que había quedado en un susto.

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(Fotos: Pablo Lorente)

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