En recuerdo de Leonardo Dante

(Este artículo se publicó originalmente en La Tribuna de Ciudad Real el 05/06/2020 dentro de la serie ’10 días de homenaje y luto’)

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Su vocación de servicio hacía que, pese a su jubilación, Leonardo Dante González Quirós siguiera atendiendo en la residencia geriátrica Virgen de la Sierra, de Villarrubia de los Ojos, donde «le querían mucho». Lo recuerda con voz entrecortada su mujer, Elizabeth Moreno San Millán, con quien vino de Argentina hace 15 años y empezó a prestar atención sanitaria como médico de familia en la zona de Montes Norte: Malagón, Fernán Caballero, Fuente el Fresno… A ella todavía se le atraganta la pena porque hace apenas 15 días que se fue para siempre: el 20 de mayo cerró los ojos sin su familia al lado.
Leonardo había ingresado a mediados de mayo, con mucho cansancio y febrícula. Tras una radiografía pasó a laUCI. «Tres días ahí y no lo volvimos a ver más», cuenta su mujer, que a duras penas contiene las lágrimas. La situación no parecía grave, nada hacía presagiar el desenlace. Nadie más de su familia enfermó. Tanto él como su mujer, también médica, y una de sus tres hijas, enfermera, eran conscientes de a lo que se enfrentaban. De hecho, Leonardo había vivido muy de cerca otra enfermedad infecciosa como la tuberculosis.
Ahora queda «una amargura, una sensación de vacío, como algo que no se cierra», solloza Elizabeth, que se encuentra de baja actualmente pero que espera «volver a trabajar cuando sea posible».
El doctor Leonardo Dante González Quirós ha sido el último doctor fallecido en la provincia de Ciudad Real por coronavirus, tras José Manuel Iriarte Osa, Héctor Garrido Vecino, Sara Bravo López, Jesús Montarroso Martín y Samir Assi.
A su viuda le queda la calma de que «se fue tranquilo y conforme» con su vida, que había empezado hacía 73 años en Córdoba (Argentina), aunque contaba con familia en España. Vinieron a este país hace tres lustros «y nunca volvió». «Estaba muy a gusto acá», afirma Elizabeth.
Entre sus aficiones, la de viajar. «Recorrimos toda España, lo que más le gustaba era el norte, por la tranquilidad», recordaba, aunque se había hecho a La Mancha. Un hombre «responsable, inteligente, que seguía estudiando, que seguía cumpliendo con sus horarios», describe ella, con espíritu joven y una sonrisa, lo que le hacía ganarse el cariño de la gente allá donde iba. Ahora les queda «aprender a vivir, a seguir viviendo sin él», suspira Elizabeth, una hazaña que ahora se antoja imposible.

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