El privilegio de vestir en lo más íntimo

Vestir a una imagen religiosa tiene mucho de arte y otro tanto de devoción, pero además es necesaria una sensibilidad especial. Hasta hace unos años, esta tarea, que pone al ciudadano de a pie en una escena íntima, tan íntima que es imposible formar parte de ella si no se es camarero o camarera, con algo más que esculturas, era responsabilidad exclusiva de las mujeres, incluso de las que habían consagrado su vida a Dios. En los últimos tiempos, algunos hombres jóvenes están retomando esta labor con toda la delicadeza y precisión de las que son capaces, alimentados por una fe que pasa de ser algo etéreo para convertirse en tangible.

Para seguir leyendo, descarga el PDF: Vestidores y camareras

(Fotos: Pablo Lorente)

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