División entre los divididos

(Este reportaje fue publicado originalmente en La Tribuna de Ciudad Real el 17/04/2020)

Foto: Valdivieso

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El confinamiento impuesto para intentar parar el coronavirus ha obligado a rearmar muchas estructuras familiares. La regulación es difusa y las dificultades inherentes a las parejas que han puesto fin a su convivencia por muy diversos motivos no ayudan a la conciliación. Sumado al riesgo de contagio al que pueden exponerse y exponer al resto de familiares, la presión del teletrabajo o los horarios laborales, así como las diferentes maneras de ver las rutinas, obligaciones escolares, educación o higiene dibujan un escenario en el que llegar a acuerdos puede ser una actividad de alto riesgo.

El abogado Juan de la Cruz señala a este diario que «no hay una regulación específica para el estado de alarma». «Es algo nuevo para todos y hay un vacío legal», comenta al respecto. Hay que tener en cuenta que los Juzgados «están parados y solo funcionan para urgencias», añade, y «dado el riesgo de contagio, la mayoría no va a atender denuncias por incumplimiento».

De este modo, según su experiencia, afirma que «algunas familias están respetando el régimen de visitas y otras no», con la particularidad de que estas últimas «amparan esta decisión en el estado de alarma y riesgo de contagio». Las diferentes opciones pueden ser o no consensuadas, pero advierte que, «si no hay acuerdo, el que no tiene la custodia tiene nulas posibilidades de ver a sus hijos» por la parálisis de los juzgados.

La cuestión es que, «al no haber una fórmula legal para denunciar incumplimientos, cada junta sectorial ha decidido lo que le ha parecido», comenta la también abogada Laura Ferrón, que ejerce en Ciudad Real y en Valladolid. Sin entrar en detalles, señala que la mayoría de las zonas han optado por mantener los regímenes de visitas acordados siempre y cuando sea posible.

La Tribuna ha entrevistado a cuatro personas que están viviendo esta situación de muy diversas maneras: desde la vuelta a la convivencia para protegerse unos a otros hasta la soledad impuesta con un hijo a cargo, pasando por diferentes matices de consenso, algo a lo que las dificultades de comunicación, o incluso la ausencia de ella, no ayuda. Tal y como comentan a este medio, los servicios de Mediación también se han paralizado, por lo que llegar a un acuerdo mediante un tercero también se ha dificultado.

SEPARADOS PERO, AHORA, JUNTOS

«Decidimos pasar el confinamiento los tres juntos en la vivienda más cómoda para ella y no estar con cambios por el bienestar de todos, físico y psicológico», cuenta Teresa. No llamaría la atención si no fuera porque su pareja y ella están separados. Antes, su hija de 6 años «dormía una semana con cada uno pero la veíamos ambos todos los días».

Esta situación anómala ha traído consigo ventajas: «más diálogo, menor exposición de la niña, a la sociedad ni a nosotros, convivencia familiar…», enumeran ambos. «Ella disfruta de sus papis a la vez y pasa más feliz estos días», señala, que afirma que así evitan la «soledad no deseada, comparten gastos y vuelven a trabajar la paciencia y la escucha», comenta, aunque en el otro plato de la balanza está que «se echa de menos la intimidad y la soledad deseada», con la «sensación de estar invadida». Con cierta rutina que ambos han acordado y su compañía, «mi hija está viviendo unos días muy felices».

IMPROVISACIÓN ENTRE EL CAOS

María (nombre ficticio) tiene la custodia de su hija de 6 años, pero «en el día a día es prácticamente compartida». De cara al confinamiento, han ido «improvisando sobre la marcha». Ha habido desacuerdos, pero ha cedido: «Yo soy más partidaria de haberla movido lo menos posible, por seguridad, pero me veo entre la espada y la pared porque la hija quiere ver al padre y el padre a la hija». «Prefiero renunciar a estar con ella aunque yo esté sola y movernos así lo menos posible para exponernos menos», comenta. Su hija «está notando menos cambios» porque, aunque han cambiado los días, sigue alternando visitas y «disfrutando de ambos»; además, ella puede teletrabajar con mayor rendimiento. El inconveniente, que a la casa donde se desplaza la niña hay más menores que entran y salen y por tanto el riesgo es mayor, a pesar de que el intercambio lo hacen en la puerta. María aprovecha los trayectos para hacer la compra o recoger cosas en su oficina.

COMPARTIDA SIN CONSENSO

La falta de consenso está siendo la tónica en la relación familiar de Pilar (nombre modificado) estos días. Tiene la custodia compartida de su hija y, sin hablar de ello por las dificultades de comunicación, han seguido con el régimen establecido sin variación alguna.

Entre las ventajas, Pilar cuenta «el reparto de tareas escolares y demás»; sin embargo ve que con este modo de proceder «se pone en riesgo al resto de la familia, más habiendo en las dos casas personas con factor de riesgo por edad o enfermedad». Sí mantienen las medidas en el intercambio, y se turnan para hacerlo: «Cuando está conmigo viene él a recogerla y cuando está con él voy yo», explica. La niña, ante esta ausencia de cambios, se comporta con normalidad: «No le noto nada pero entiendo que tiene que ser duro para ella compartir tanto», reflexiona. Pilar sufre ansiedad por la separación: «Ya tenía fecha para ir a Mediación pero se anuló», comenta a la espera de una solución.

MADRE SOLA TELETRABAJANDO

Con un niño de 7 años a su cargo, del que tiene la custodia total aunque se ve con su padre varios días todas las semanas, Julia (nombre cambiado) se las tiene que arreglar para teletrabajar. Su expareja dejó de ver a su hijo antes del confinamiento al considerar que está muy expuesto por su trabajo y querer reducir así el riesgo de contagio. Ahora, su relación se mantiene con breves visitas en el rellano cuando él les lleva la compra, así como mensajes y videollamadas a lo largo del día.

Julia lleva así toda la carga de la crianza: «Estoy sobrecargada, el niño está todo el día con el móvil y yo no le puedo atender por estar trabajando», se queja, consciente de que le es imposible llegar a todo. «Me vendría bien que al menos pudiéramos organizar algunas horas de videollamada para que él estuviera pendiente ese rato y yo pudiera trabajar en condiciones», reflexiona, «porque también me preocupa su salud mental al no tener otro tipo de entretenimiento».

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