Cuestión de voluntad

Será que me ha entristecido especialmente enterarme de que el colegio público Juan Alcaide cierra sus puertas «temporalmente». Mi colegio. En él estuve de 1989 a 1997. Allí, doña Sacramento nos enseñó a atarnos los zapatos y a hacer sombreros de papel; doña Maricruz, a escribir con buena letra; y don Juan, las operaciones básicas. Don Urbano nos enseñó climas y ríos en ‘Cono’, la asignatura más que discutida que trajo consigo la Logse. Y don Vicente, con traje, se ocupó de que el balón prisionero fuera el único deporte que se me haya dado bien en la vida. En este colegio hice buenos amigos, algunos de los cuales y, pese a los avatares de la vida, conservo todavía. Metí mi primer (y único) gol, me colgué de las canastas, bailé las ‘Spice’ en los recreos y hasta di mi primer e inocente beso.

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