Ciudad Real enamora por arriba y por abajo

(Este reportaje fue publicado originalmente en el especial ‘Fitur’ de La Tribuna de Ciudad Real el 22/01/2020)

Foto destacada: Pablo Lorente

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Para llegar a nuevas emociones, a veces basta con cambiar de perspectiva. Merece la pena romper el tópico de La Mancha llana, hacer un esfuerzo para encaramarse a las alturas y dejar caer la vista hasta toparse con el infinito horizonte.

El pico más alto de la provincia de Ciudad Real (Riscos del Amor, 1.344 metros, según el Instituto Geográfico Nacional, IGN) está prácticamente pegado a Toledo, en plenos Montes de Toledo, de tal forma que muchos ponen en duda que se encuentre realmente en Ciudad Real y oficiosamente se tome como ‘techo’ provincial el Pico Bañuela, cumbre de Sierra Morena, con 1.332 metros, a la que le sigue Pico Estrella, con 1.289. En todos estos casos, por altitud, las vistas son espectaculares y la vista abarca varias provincias, si bien también es grande el esfuerzo para llegar a ellos, con duras rutas a pie.

Hay otros muchos techos en Ciudad Real, con santuarios, monumentos o edificios históricos. Sin abandonar el Valle de Alcudia, destaca en Puertollano el monumento al minero, en el cerro de Santa Ana (donde también se encuentra la torre de telegrafía conocida como ‘la chimenea cuadrá’), desde el cual se puede ver una panorámica de la ciudad, unas vistas que también pueden conseguirse desde el parque del Terri, una montaña artificial construida sobre piedras, cenizas y restos de carbón.

Monumento al minero, en Puertollano. Foto: Tomás Fernández de Moya

No muy lejos de allí, otro mirador envidiable: la ermita de Santa Brígida, en Almodóvar del Campo, desde donde se divisa un mar de olivos y multitud de campos sembrados. Aseturva (Asociación de Empresarios Turísticos del Valle de Alcudia) y el Ayuntamiento de la localidad lo han llamado Museo de Atardeceres y han emplazado unos bancos con diferentes orientaciones para disfrutar de tal espectáculo natural.

Volviendo a la minería, hay que mencionar Almadén, aunque sea de mercurio. Bien merece una visita esta localidad, Patrimonio de la Humanidad, pero si de cumbres hablamos hay que señalar la Cruz de los Mineros, un ascenso relativamente cómodo a pie, que se dificulta en los últimos tramos pero que premia el paseo con unas impresionantes vistas del embalse de Castilseras y Almadén.

En el Campo de Calatrava, también hay altitudes destacables y una orografía peculiar en la que los volcanes son la norma. El Castillo de Calatrava la Nueva (y, frente a él, el de Salvatierra) es una de las fortalezas más impresionantes de la provincia, se puede subir en coche (aunque lentamente) por una carretera empedrada y la recompensa no es sólo un castillo de cine sino también un entorno natural privilegiado.

Vistas desde la ermita de la Virgen de los Santos. Foto: Tomás Fernández de Moya

A 20 minutos de allí, Pozuelo de Calatrava también tiene una cima digna de conocer: el santuario de la Virgen de los Santos. Desde arriba, se aprecia un paisaje de encinas y olivos, salpicados de algunas rocas. Y hacia el oeste, otro punto de esta comarca, Poblete, se alza con la ermita de San Isidro, con vistas que abarcan desde el aeropuerto hasta Miguelturra y con una situación excepcional para el vuelo en paramotor. El cerro es en realidad un volcán, llamado Cabezo del Rey, y cuenta con un mirador desde el que se podrá ver, en el futuro, el maar de volcanes, hoyas y cráteres gracias a la realidad virtual. Algo que ya existe para otro enclave muy cercano, Alarcos, protagonista de una ruta de realidad virtual que integra precisamente en su paisaje (visto desde el pie y también desde la cima) la batalla de Alarcos de 1195. Además de esta recreación histórica y de la posibilidad de visitar el yacimiento arqueológico, el centro de interpretación y la ermita, se puede apreciar a un lado el paso del río Guadiana.

Hacia el noreste, en Villarrubia de los Ojos, antes de llegar a la ermita de San Cristóbal se encuentra el Mirador de La Mancha, un complejo turístico que cuenta con una terraza desde la que se aprecia la inmensidad de la llanura manchega y se atisban las Tablas de Daimiel con cierta claridad.

El otro gran humedal manchego, compartido con Albacete, son las Lagunas de Ruidera, que cuentan con dos panorámicas excepcionales. Una, desde el cerro de las Canteras, en la localidad de Ruidera, donde se ve la conjunción de dos lagunas, la del Rey y la Colgada. La otra perspectiva, desde el castillo de Peñarroya, encaramado a un acantilado desde el que se admira el embalse y la presa del mismo nombre.

Más conocidos son aún uno de los emblemas de La Mancha, sobre todo en el extranjero: los molinos de Campo de Criptana. Elevados, dejan ver a sus pies el atractivo trazado de la localidad, que en ocasiones parece detenida en el tiempo, y parte del paisaje manchego, unas vistas que no defraudan. Más espectacular es lo que se puede ver desde los molinos de la vecina Alcázar de San Juan, en el cerro de San Antón, desde donde se avista no sólo el municipio sino también los humedales y otras localidades como Herencia o Tembleque, así como elevaciones montañosas. Aunque los momentos ideales son el amanecer y el anochecer, de noche también son espectaculares por su iluminación y la de los pueblos de alrededor.

No muy lejos, existe un mirador artificial: el Museo Torre del Vino, de Socuéllamos. Con sus 42 metros de altura, desde arriba son visibles los viñedos de los cuales se extrae la uva que tanto ha marcado y marca la historia y la economía de la ciudad.

EN PROFUNDIDAD

Pero no solo grandes espacios abiertos caracterizan a Ciudad Real. También justo lo contrario. Muchas zonas de la provincia están huecas a causa de las cuevas, naturales o artificiales, del subsuelo, algunas de las cuales se pueden visitar actualmente.

Interior de las minas de Almadén durante el encierro de 11 personas, en agosto de 2019. Foto: Rueda Villaverde

Las entrañas más destacables son, sin lugar a dudas, las minas de Almadén. El parque minero está reconocido, junto con el resto de vestigios de la mina de mercurio, como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2012. El patrimonio minero visible en el exterior es llamativo, pero la verdadera experiencia llega al bajar en ascensor por el pozo de San Teodoro hasta la primera planta, 50 metros bajo el suelo (los únicos visitables de los 700 que alcanza la mina), y recorrer sus pasadizos subterráneas donde se pueden ver un baritel y su malacate, un altar religioso, la galería de forzados, vagonetas y demás enseres. El verano pasado se convirtió en plató de cine para el rodaje de un documental con tintes de reivindicación social que probablemente vea la luz este año y consiguió volver a poner en el mapa una comarca deprimida tras siglos de esplendor.

También relacionadas con la industria existen otras cuevas, destinadas sobre todo a la conservación del vino, cuyo mejor ejemplo es el de Tomelloso, ya que cuenta con miles de ellas (medio centenar visitables) que se comunican con el exterior a través de las lumbreras (rejillas de ventilación). Se excavaron a mediados del siglo XIX para poder elaborar y almacenar el vino (las encargadas de extraer la tierra eran las mujeres, que a raíz de ello fueron llamadas terreras), por lo que no es raro encontrarse con tinajas para albergar el producto u otros útiles necesarios en el proceso de elaboración.

Similares cuevas, conectadas por galerías, se han encontrado en La Solana recientemente, tras las obras realizadas en la casa de la iglesia. Se baraja que fueran bodegas subterráneas, aunque no es seguro, pero el Ayuntamiento ya está trabajando en ellas para poderlas ofrecer como recurso turístico.

También parecidas son las localizadas en Villanueva de los Infantes por la estudiante Alba Ferrer, que se ha centrado en ellas en su trabajo de fin de máster y seguirá investigando en su tesis doctoral. Tiene recogidas hasta 77 cuevas de los siglos XV, XVI y XVII, muchas conservadas en muy buen estado y catalogadas como visitables. Se trata de cuevas excavadas por el hombre, algunas que conectan conventos y otros edificios religiosos, de tal manera que puede ser que se utilizaran como pasillos de huida y después fueran aprovechadas como bodegas o para el almacenamiento de víveres y enseres. Por el momento, son todas privadas y no están organizadas como recurso turístico.

Como viviendas estaban habilitadas algunas cuevas, como las existentes hoy en día en Campo de Criptana, llamadas de la Virgen de la Paz, ahora museo y a los pies de los afamados molinos. Algunas se integran dentro de restaurantes que las explotan como comedor; otra acoge el Museo del Mambrino con figuras y murales de El Quijote.

Pero sin duda la cueva más conocida y visitada en la provincia es la de Medrano, en Argamasilla de Alba, donde se dice que estuvo prisionero Miguel de Cervantes y pudo empezar a escribir su obra más conocida. Se trata de un sótano en dos niveles, bien conservado y musealizado, originario del siglo XVI, declarado Bien de Interés Cultural en 1972 y rehabilitado en 1990. También quijotesca es la Cueva de Montesinos, en el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, en el término municipal de Ossa de Montiel (Albacete), aunque en ella poco tiene que ver la acción del hombre.

En la provincia no hay demasiadas cuevas naturales y las que existen no están adaptadas al turismo. Una de las más llamativas, la de los Muñecos, en Abenójar, es de difícil localización. Se llega tras una caminata de unos 7 kilómetros, su paso no está indicado y el interior no tiene ninguna adaptación. Se pueden recorrer unos 250 metros, de los 800 totales, en los cuales se admiran estalactitas y estalagmitas y columnas.

Otro enclave de interés puede ser la cueva de Maximino (o del Tío Maximino), en Fontanosas, pedanía de Almodóvar del Campo, escondida junto a una cascada en época de lluvias.

Perfectamente integrada en la naturaleza, pero sin duda horadada por la acción humana, existe en Villanueva de los Infantes una pequeña oquedad cuadrada llamada Cueva de la Mora, a unos 2 kilómetros de la población. Se piensa que es una pequeña capilla eremítica de la época mozárabe y está declarada bien de interés cultural desde 1992.

También conecta con historia otra de las más reseñables: en uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes de la provincia, el Castillejo del Bonete (Terrinches), hay una cueva, que se puede ver en la visita guiada. Este lugar funerario de las edades del Cobre y del Bronce contiene, en otros elementos, una cueva prehistórica sellada hasta su descubrimiento en 2003 con restos de seres humanos y fauna, recipientes y otros objetos, que se comunica con un segundo túmulo con un pasadizo enrevesado. Está acondicionada para su visita.

Con ello se completa el cambio de perspectiva que puede llevar a descubrir rincones encantadores. Por dentro y fuera, por arriba y por abajo, el listado de recursos turísticos de la provincia, para quien no quiera dejarse nada sin ver. Un disfrute de 360 grados a la redonda.

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