Atención Primaria pide medios humanos y materiales para hacer de filtro en la desescalada

(Esta noticia fue publicada originalmente en La Tribuna de Ciudad Real el 10/05/2020)

Foto: Tomás Fernández de Moya

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Atención Primaria está llamada a ser un actor clave en el proceso de desescalada, al ser un primer filtro que permita diagnosticar de manera precoz los nuevos casos de COVID-19 así como hacer seguimiento telemático a pacientes fuera de la asistencia hospitalaria o a enfermos crónicos. Lleva dos meses desempeñando improvisadamente este papel, guiándose por el sentido común a la hora de proteger a usuarios y profesionales. Así, se ha priorizado la asistencia telefónica para casos demorables, se han espaciado las consultas presenciales, se han aumentado las visitas a domicilios, se han reordenado las zonas de recepción y atención de los pacientes, etcétera. Esto ha servido de prueba piloto para saber cuáles de estas medidas han de proseguir en el tránsito a la nueva normalidad.

Esta visión la comparte Alberto León, presidente de la Sociedad Castellano-Manchega de Medicina Familiar y Comunitaria, que representa a 550 médicos en la región, convencido de que «solo se solucionará el COVID-19 si Atención Primaria forma parte activa y da una respuesta global». La respuesta hasta ahora ha estado «centrada en el hospital», aunque desde Atención Primaria se ha atendido «a un millón de pacientes a nivel nacional». Ahora toca «una intervención comunitaria», con el acento en los centros de salud y consultorios de las áreas urbanas y de las rurales.

En este «cambio de escenario», afirma que la función de la Atención Primaria es «detectar precozmente nuevos casos y hacer un seguimiento estricto como Red Centinela». Para eso, los test PCR son vitales, así como «abrirse a otras terapias hasta ahora solo hospitalarias». Para ello, se necesitan medios físicos. En primer lugar, «salas de aislamiento para realizar los test y medidas de seguridad respectivas». Estas áreas, ya habilitadas en algunos centros sanitarios según sus posibilidades, deberían contar con lavabo, cubetas para aguas residuales, termómetros de infrarrojos, plásticos para cubrir el mobiliario no imprescindible, equipo de protección individual y productos para limpieza de todo el material asistencial. «Requerirá tiempo resolverlo», aventura, «y será más fácil en centros urbanos que en consultorios de áreas rurales donde por cuestiones arquitectónicas no se pueda». Las salas de espera también deberán asegurar el mantenimiento de la distancia social de al menos dos metros y habrán de establecerse circuitos, con un cribado inicial que permita al usuario acceder a un área u otra según las necesidades. Algunos ya lo están haciendo, como los centros 1 y 3 de Ciudad Real, o el 1 de Daimiel, con la sala de urgencias habilitada para tratar a los sospechosos de COVID, por poner un ejemplo.

Así cuenta que se está haciendo María del Mar Martínez, médica de familia en Daimiel y vocal de Médicos de Atención Primaria Urbana del Colegio de Médicos. «No tenemos consulta a demanda: se cita y llamamos por teléfono, aunque cuando es imprescindible, citamos a las horas en que hay poca gente, con los posibles COVID separados en otra consulta». Esta otra sala, antes para urgencias, está más cerca de la entrada y evita que los usuarios «pasen por toda la planta».

Además de la separación y el aislamiento son necesarios más EPI tanto para usuarios como para personal médico. «Tenemos una mascarilla de las que no son homologadas y vas a ver a dos pacientes con ella cuando según protocolo hay que cambiarla después de cada uno, seguimos sin material suficiente», confirma Martínez.

SISTEMAS TECNOLÓGICOS

También habrán de priorizarse los medios telemáticos, para que la actividad presencial sea «restringida mediante triaje» a aquello «no demorable», comenta León, mientras que la atención de enfermos crónicos debe realizarse preferiblemente a domicilio. Al mismo tiempo, como ya se está haciendo, las tareas burocráticas deben resolverse a distancia, como ocurre con la renovación de receta electrónica, los partes de renovación de incapacidades temporales o los informes de visado, enumera León. «Esto optimiza el tiempo del usuario y del profesional y son acciones que se están llevando a cabo y que ya que han llegado han de quedarse y mejorarse», explica. Martínez tiene claro que «estamos ante un cambio de paradigma» que empezó con la receta electrónica pero que poco a poco se implantan otros medios, como en su caso, que atiende «tres o cuatro consultas al día por email».

No obstante, eso requiere de un mayor esfuerzo de coordinación que supone organizar agendas presenciales, telemáticas y a domicilio, por lo que se hace impostergable «más recursos humanos para una Atención Primaria ya mermada, también por el COVID». Martínez afirma que ahora mismo «no se están cubriendo bajas ni salientes de guardia, así que necesitamos más». «Si no se suplementa con recursos humanos, hará imposible la atención», expresa León. Esos recursos humanos podrían venir con una mayor formación sanitaria en el caso de los administrativas, que podrían «ayudar a sus compañeros» en esa reorganización, para lo cual quizá fuera necesario, a futuro, «crear una nueva categoría profesional, la del administrativo sanitario».

El futuro de la pandemia también pasa por disponer de datos fiables y actualizados, para lo cual la red epidemiológica Centinela debe ser una prioridad y «Atención Primaria ha de tener mayor participación», lo cual supone una mayor exigencia para sus profesionales, indica León.

Martínez tiene claro que, ahora más que nunca, son la «puerta de entrada al sistema sanitario» y llama a la precaución y a la «confianza en los médicos para saber cuándo acudir presencialmente y cuándo se puede atender por teléfono». Como dice León, «solo la Atención Primaria llega a toda la población» y, dado que el problema «es global, hay que dar una respuesta global, y Atención Primaria lo es».

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